martes, 15 de septiembre de 2015

MEMNÓN


 
Hijo de Titón y de la Aurora, que acudió con diez mil persas y otros tantos etíopes y un gran número de carros en ayuda de Troya, hacia el décimo año de su sitio.
 
Se distinguió por su valor y mató a Antíloco, hijo de Néstor. Pero Aquiles, a instancias de éste, le atacó y le hizo caer a sus pies después de un feroz combate. Desesperada, la Aurora fue, con los ojos bañados en lágrimas, a arrojarse a los pies de Zeus y le suplicó que concediese a su hijo algún privilegio que lo distinguiera de los mortales y que si rehusaba concederlo dejaría de iluminar el mundo. Zeus atendió su súplica e hizo encender una hoguera de la que de sus cenizas vieron salir infinidad de aves que dieron tres vueltas alrededor de la hoguera y a la cuarta se separaron en dos bandadas y se batieron entre sí con tal furor que cayeron cerca de la hoguera como víctimas inmoladas a las cenizas de las que habían surgido. Se dice que estas aves eran negras, parecidas a los gavilanes, y que todos los años acudían del país de Cizique para repetir el combate y barrer un espacio del sepulcro de Memnón donde no crecía ningún árbol ni hierba, el cual regaban luego con sus alas que mojaban antes en las aguas del Esepo.
 
 
No obstante, este homenaje no calmó la aflicción de la Aurora que desde entonces viene derramando lágrimas todos los días, formando con ellas el rocío de las mañanas.
 
Se le creía oriundo de Tebas a causa de que una de las colosales estatuas levantadas a Amenhotep III le estaba dedicada.
 

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