martes, 12 de diciembre de 2017

los Xoloitzcuintles, los perros aztecas que guiaban a sus dueños hasta el inframundo

Resultado de imagen de los Xoloitzcuintles, los perros aztecas que guiaban a sus dueños hasta el inframundoEn la mitología mexicana los perros eran mucho más que el mejor amigo del hombre. Se les valoraba como compañeros incondicionales de la vida pero también de la muerte, sacrificados para guiar y acompañar a las almas en el inframundo. Conoce a los Xoloitzcuintle, una raza canina antigua singular, con una historia muy interesante.

Xoloitzcuintles, los perros aztecas que guiaban a sus dueños hasta el inframundo

Los Xoloitzcuintles son una especie endémica originaria de México, caracterizada por ser delgados, sin pelaje y por vestir una piel arrugada y aterciopelada. Su población es bastante reducida en comparación con otras razas caninas, por tanto cada uno recibe una apreciación especial. Además el valor histórico y cultural de los Xoloitzcuintles, perros calvos, perros aztecas o xolos como también se les llama, les hizo merecedores del título de patrimonio cultural y símbolo de la Ciudad de México.
El origen de estos canes es antiguo. Algunos especialistas calculan que los Xoloitzcuintles existen desde hace tres mil años, otros aseguran que esta especie considerada como una de las razas más raras del mundo, se conservó desde hace 7 mil años atrás sin que el hombre haya intervenido de alguna manera en su generación.
Conoce la historia de los Xoloitzcuintles, los perros aztecas que guiaban a sus dueños hasta el inframundo
Xoloitzcuintle, raza azteca, una de las más raras del mundo
Su nombre Xoloitzcuintle proviene del náhutl ‘Xólotl’, por el dios Xólotl, y Itzcuintli que significa ‘perro’. Cuenta la leyenda que el dios mexica Xólotl, dios de la transformación, de los espíritus y de la oscuridad, hermano gemelo de Quetzalcóatl, la serpiente emplumada que representa el conocimiento, la vida y la luz, envió al mundo de los hombres al xoloitzcuintle como un regalo que los protegería hasta el final de sus días y un poco más allá.
Un obsequio de Xólotl, creado a partir de la astilla del hueso de la vida, el hueso con el que todo ser vivo fue concebido, debía ser digno de admiración y respeto por los aztecas. Por ello desde su llegada al mundo, los xoloitzcuintles se convirtieron en compañeros fieles de sus amos, incluso hasta más allá de la vida, pues se creía que estos animales les guiaban a las almas hacia el Mictlán, el inframundo de la mitología azteca. Con ese fin, eran sacrificados y sepultados junto a sus dueños para transitar juntos el camino hasta el descanso eterno.
Según la tradición, para que los Xoloitzcuintles pudieran conducir a las almas hasta el Mictlán, debían ser completamente negros, porque de lo contrario, si llevaban manchas, significaría que habrían servido para guiar las almas de otros muertos. También en los pueblos mexica atribuían a estos enigmáticos animales la capacidad de ahuyentar a espíritus malignos y de protegerlos de cualquier tipo de enfermedades, sobre todo aquellas que producían deformidades físicas.
Conoce la historia de los Xoloitzcuintles, los perros aztecas que guiaban a sus dueños hasta el inframundo
Pero por poco la imagen de estos canes solo permanecería en el imaginario histórico, con la llegada de los españoles a América, los perros Xoloitzcuintles estuvieron a punto de extinguirse. Los colonos europeos convirtieron al animal sagrado en una fuente de alimento, a la que consideraban como un delicioso manjar. A la vez, pretendían con ello acabar con las costumbres religiosas que involucraban al animal.
Hoy día los Xoloitzcuintles, a pesar de no ser la raza más codiciada por el hombre debido al genotipo responsable de su falta de pelaje, son mascotas cariñosas, leales y territoriales, que forman parte de un legado cultural fascinante.

lunes, 11 de diciembre de 2017

El misterioso elixir de la inmortalidad de los dioses


Los mitos y leyendas de las diferentes culturas y religiones del mundo tienen muchas similitudes, una muy interesante es que siempre nos presentan a unos seres, los dioses, con una notable diferencia con respecto al ser humano, una característica que siempre se ha ansiado: los dioses son inmortales.
Pero, por las referencias a esta singularidad que se hacen en los textos, parece que la inmortalidad era adquirida por los dioses mediante la ingesta de un alimento o bebida ‘’mágicos’’ que les otorgaría el don de la larga vida, en lugar de una propiedad inherente a la esencia de estos seres. ¿Qué sería en realidad este alimento?
En la antigua Grecia se conocía como Ambrosía, palabra que significa literalmente ‘’inmortalidad’’. Una sustancia consumida por los dioses mediante la cual obtenían la inmortalidad y que, entre otros beneficios, era capaz de curar enfermedades y otorgar juventud. Sólo las entidades divinas tenían permitida su ingesta, negándola a los hombres, quienes debían de permanecer mortales. Aunque si algún mortal tenía la fortuna de conseguir el permiso de los dioses para poder probar del codiciado manjar, en ocasiones se convertía en un semidiós o conseguía grandes dotes como una exagerada fuerza física.
La supervivencia de los antiguos dioses parecía depender de la ingesta de esta mágica sustancia.
Aparece por primera vez en esta mitología en el relato del nacimiento del dios Zeus dónde se nos cuenta que esta mágica sustancia proviene de los cuernos de la ninfa Amaltea, que se representaba como una cabra.
Antes de la aparición de la Ambrosía, se menciona que los dioses se alimentaban inhalando los vapores que desprendían los cuerpos de sus enemigos al morir.
Una de las referencias a la ambrosía o néctar, la encontramos en la Ilíada, Canto IV:
‘’Sentados en el áureo pavimento a la vera de Zeus, los dioses celebraban consejo. La venerable Hebe escanciaba néctar, y ellos recibían sucesivamente la copa de oro y contemplaban la ciudad de Troya’’.
Famoso cuadro de Ingres en el que aparece Tetis rogando a Zeus que otorgue la inmortalidad a su hijo Aquiles.
Muy similares son las referencias al alimento de los dioses en la mitología nórdica. Aquí, Idún, una diosa que no había nacido y no moriría, prometió al resto de dioses al llegar a Asgard un bocado diario de los mágicos frutos de la inmortalidad que ella custodiaba. Así los dioses no envejecían ni enfermaban.
Estos frutos, representados como manzanas doradas, eran guardados con mucho celo en un cofre mágico o ‘’eski’’ y no se permitía que ninguna otra raza probara de ellos.
En la sección XXVI del texto Gylfaginning leemos:
“Su mujer es Idún: ella custodia en su cofre de ceniza esas manzanas que los dioses deben probar ya que de no hacerlo, envejecerán; y así todos tornan jóvenes, y así ha de ser hasta el destino de los dioses’’.
Es interesante leer como, en una ocasión, Loki decide robar estos frutos para llevarlos al reino de los gigantes secuestrando a Idún. El resto de los dioses, al verse privados del alimento, comenzaron a envejecer. Así se relata en el Skáldskaparmal:
“Los dioses enfermaron con facilidad debido a la desaparición de Idún, envejecieron y su cabello encaneció. Se reunieron en concilio y preguntaron unos a otros quién fue el último que hubiera visto a Idún’’.
También en la mitología celta se relaciona con la inmortalidad un fruto muy similar representado como una manzana dorada.
Vemos la presencia de esta mágica sustancia en el folklore alrededor de todo el mundo.
En la antigua China son varias las referencias a distintos alimentos divinos capaces de otorgar una extrema longevidad o la inmortalidad. La diosa taoísta Xiwangmu habitaba en un palacio celeste en donde se cultivaban las ‘’hierbas de la inmortalidad’’ y se criaban los ‘’peces de la larga vida’’. En este palacio se reunían los dioses; invitados a los que ella servía los melocotones de la inmortalidad, que crecían en su huerto y que maduraban cada 3.000 años.
En otra vertiente del taoísmo aparecen unos seres conocidos como ‘’los 8 inmortales terrenales’’ cuyas leyendas relatan cómo acabaron consiguiendo el don la inmortalidad. Por ejemplo, Chung Li Chuan dio con el mágico elixir mientras meditaba en las montañas como un premio que le fue otorgado en forma de pastilla guardada en una pequeña caja de jade; otro inmortal, Han Xiangzi, subió al árbol del cual crecían los frutos de los dioses, al bajar ya era inmortal.
En ocasiones, la bebida de los dioses, entre otras características, también tenía la facultad de embriagar, este es el caso del Amrita en el hinduismo, también conocido como Soma en el antiguo vedismo.
En este mito, los dioses estaban perdiendo la inmortalidad por lo que, con ayuda de algunos demonios o ‘’asuras’’, batieron el mar de leche, que rodea el mundo en esta cosmogonía, hasta que dieron con el preciado néctar.
Representación de los dioses hindúes batiendo el océano de leche ayudados por demonios y una enorme serpiente.
En el Rig Veda 8.48.3, se dice:
‘’Hemos bebido Soma y por ello, nos hemos vuelto inmortales, hemos obtenido la luz que los dioses descubrieron. Ahora, ¿qué puede la malicia de nuestros enemigos hacer para dañarnos? ¿Qué? ¡Oh inmortal! Engaño del hombre mortal’’.
Muchas culturas han relacionado la inmortalidad con la luna, así Soma es en India un dios antropomórfico identificado con ella y en lugares como China, Japón y Corea existe la figura del ‘’conejo lunar’’ al que se le representa trabajando en un mortero mientras mezcla el divino elixir; este ser es además el compañero de Chan’e, una diosa que reside en la luna ya que en una ocasión que bebió demasiado elixir, éste le hizo flotar hasta ella.
El alimento de los dioses podría requerir de una preparación previa.
El ejemplo más claro del néctar de la inmortalidad de los dioses y de la incesante lucha del hombre mortal por obtenerlo, aparece en la obra épica más antigua conocida: ‘’La epopeya de Gilgamesh’’. En este relato se presta especial atención a la mortalidad humana frente a la inmortalidad divina.
Gilgamesh, rey de Uruk, era en parte descendiente de dioses y en parte humano. Aun así, era mortal. Este rey severo y en ocasiones déspota, tenía un excesivo afán de gloria y se creía con derecho de nacimiento a gozar de la inmortalidad de los dioses debido a su linaje.
Como respuesta ante las quejas del pueblo, la diosa Ninhursag creó un ‘’hombre salvaje’’: Enkidu, para que tratara de vencer al rey en combate pero, por una serie de acontecimientos, Enkidu y Gilgamesh acabaron convirtiéndose en grandes amigos. Es entonces cuando los dioses decidieron acabar con la vida de Enkidu y la muerte de su querido amigo se convirtió en la motivación de Gilgamesh para la búsqueda de la inmortalidad, para lo cual emprendió un viaje en busca de Utnapistim (en acadio) o Ziusudra (en sumerio) y su mujer. Esta pareja, eran los únicos seres humanos que sobrevivieron al diluvio universal y a quienes los dioses había otorgado la inmortalidad que tanto ansiaba el rey. Muchos personajes intentaron disuadirle de tan atrevida empresa:
‘’Nunca podrás encontrar la inmortalidad, ya que los dioses la reservan para ellos mismos y a los hombres les reservaron la muerte’’.
                                                    Tablillas de Berlín y Londres. Conversación de Gilgamesh con Siduri.
Gilgamesh no podía concebir la injusticia de su mortalidad mientras convivía con seres inmortales.
Cuando, después de muchas aventuras en el devenir de sus viajes, Gilgamesh finalmente dio con la pareja, Utnapistim trató de disuadirle también diciéndole que su intento es inútil. Aunque acabó compadeciéndose y le habló de una planta que se encontraba en el fondo del océano con la capacidad de hacerle joven de nuevo. Un secreto de los dioses.
‘’Una planta, su aspecto es como el de un espino; su púa como la de la rosa silvestre. Si tu mano se hace con esta planta, podrás, con ella, recobrar tu brío’’.
                                                                                                                          Tablilla XI: 283-285
Gilgamesh finalmente encontró la planta pero le fue robada por una serpiente que la devoró y en el momento en el que lo hizo, mudó su piel.
Y una serpiente es también quien tienta a Eva para comer el fruto del árbol prohibido en el jardín del Edén:
‘’Y dijo Jehová: He aquí que el hombre es como uno de nosotros, sabiendo del bien y del mal; ahora, pues, que no alargue su mano y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre’’.
                                                                                                                                                               Gen 3:22
Muy interesante resulta, en este aspecto, el correspondiente sumerio cuando en el mito de Adapa, éste es aconsejado por el dios Enki, su creador, que no aceptara ingerir nada que le fuera ofrecido por el dios supremo Anu; ya que Enki temía que si Adapa el hombre no fuese del agrado de Anu, éste tratara de envenenarle. Todo lo contrario, Anu quedó gratamente impresionado por la nueva creación por lo que ofreció a Adapa la comida y la bebida de la inmortalidad que el hombre rechazó tal y como le fue aconsejado hacer.
adapa recibido por anu
El dios Anu recibiendo a Adapa, el primer hombre.
Referencias a un mágico brebaje o alimento divinos aparecen en una infinidad de textos antiguos y en tradiciones orales de muchas comunidades por todo el mundo. Existen menciones en el zoroastrismo, en el antiguo Egipto, en textos como el Corán y, por supuesto, en la disciplina alquímica que, desde hace siglos, ha tratado de dar con la piedra filosofal y, por tanto, con el ‘’elixir de la vida’’, la eterna juventud y la inmortalidad. Quién sabe si algún estudioso alquimista no acabará lográndolo o, tal vez, los propios dioses, fueron alquimistas ellos mismos.
Resulta curioso como, según el mito, al ser humano se le niega la inmortalidad por orgullo y codicia de los dioses mientras que, en ocasiones, el hombre se ve privado de tal don como castigo por alguna mala acción cometida, o eso es lo que le hicieron creer.
piedra-filosofal
¿Sería la piedra filosofal una sustancia que pudiera ser consumida por el ser humano?
En cualquier caso, los dioses siguen siendo inmortales a nuestros ojos y el ser humano continúa siendo mortal. No se hace difícil imaginar la rabia que pudo sentir Gilgamesh al ver cómo le era negado algo que para los dioses frente a él, era normal:
“¿Cómo voy a permanecer en silencio? ¿Cómo voy a callarme? Mi amigo, al que amo, se ha convertido en barro, Enkidu, mi amigo, al que amo, se ha convertido en barro.
¿No terminaré siendo como él, y cómo él también yaceré para nunca levantarme por toda la eternidad?’’.
                                                                                                                                      Tablilla X: 67-71

lunes, 4 de diciembre de 2017

Tetis, Peleo y el nacimiento de Aquiles


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Tetis , cuyo nombre significa literalmente "establecer", era una de las cincuenta nereidas hijas de Nereo, el anciano dios de los mares, y de la oceánide Doris. Desde su más tierna infancia fue criada por Hera, lo cual ya debería decirnos algo sobre su personalidad.

Segun cuenta la leyenda, Tetis era peligrosamente hermosa. Tanto que Zeus y Poseidón se sintieron violentamente atraídos por ella. No obstante, este deseo se diluyó rápidamente cuando los varones del Olimpo se enteraron de la oscura profecía que gravitaba sobre la muchacha, la cual anunciaba que su hijo sería más grande que su padre.

Ante la falta de pretendientes dispuestos a ocupar un rol menor, Hera envió entonces a Iris, la mensajera de los dioses, para encontrar a un mortal dispuesto a casarse con Tetis. Su primer parada fue en los montes donde vivía el centauro Quirón, uno de los sabios más reconocidos de la época. Entre sus estudiantes y discípulos Iris detectó a un joven apuesto e inteligente llamado Peleo, hijo de Éaco.
 
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Informado por la diosa de la disponibilidad amorosa de Tetis, el joven Peleo la cortejó de mil formas, todas infructuosas. Ella se sentía humillada por la imposición divina que se tomaba el atributo de buscarle un compañero sin tener en cuenta sus deseos.

Frente al rechazo Peleo buscó el consejo de su viejo maestro, Quirón, quien le sugirió que la única forma de captar la atención de Tetis era abordarla mientras dormía en su cueva junto al mar, y luego atarla para evitar que huya cambiando repentinamente de forma.

Como todo joven encendido por el deseo, Peleo era audaz, y no medía las consecuencias de sus actos. Siguió todos los consejos de Quirón y efectivamente encontró a Tetis durmiendo tranquilamente en su cueva. Cuando la muchacha despertó notó que no podía moverse. Fuertes ligaduras mantenían sus extremidades inmóviles. Comenzó entonces a metamorfosearse enloquecidamente. Se transformó en una lengua de fuego, en un león descomunal, pero Peleo se mantuvo firme en su desición de no liberarla hasta que acceda a convertirse en su esposa.

Finalmente la muchacha cedió, aunque le aclaró que no lo amaba en absoluto.

Como otros grandes varones de aquellos tiempos, Peleo no se intimidó por la indiferencia de su futura esposa. Pronto se organizó la boda en las laderas del monte Pelión a la que asistieron las personalidades más renombradas del Olimpo y de la Tierra. El poeta Píndaro sostiene que el mismísimo Apolo se encargó de la música, y que las nueve Musas estuvieron a cargo de los cantos.
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Los regalos fueron fastuosos. Entre los más impresionantes cabe destacar una poderosa lanza forjada por Quirón y dos caballos inmortales, llamados Janto y Valio, obsequios de Poseidón. Sin embargo, la continuidad del banquete se vio alterada por la presencia de una diosa que no había sido invitada, y que por ello decidió tomar venganza sobre los tertulianos. Su nombre era Eris, la Señora de la Discordia.

Cuando Eris ingresó en la fiesta todos hicieron silencio; menos por respeto que por temor. La mujer, notablemente alta y delgada, se acercó lentamente a la mesa principal, donde además de la pareja estaban Hera, Afrodita y Atenea. Con un gesto de afectación depositó una delicada manzana de oro sobre la mesa, y dijo en voz alta.

-Para la más hermosa...

Casi al unísono, las manos de Atenea, Afrodita y Hera se estiraron hacia la manzana, seguras de ser ellas las merecedoras del mote de "más hermosas". Finalmente aquella disputa finalizó cuando se trajo a un juez imparcial, llamado Paris, para que resuelva el asunto. 
La bacanal continuó cuando Eris retomó su camino solitario.

De este matrimonio obligatorio nacieron varios hijos; hecho que no atenuó el odio proverbial que Tetis sentía por Peleo. De hecho, cada nuevo nacimiento fortalecía su odio. Tetis asfixió secretamente a sus recién nacidos para que no heredaran los rasgos mortales de Peleo.

Naturalmente, el joven Peleo comenzó a sospechar algo extraño en esa sucesión de muertes repentinas. Seis de sus hijos habían muerto, pero el séptimo, llamado Aquiles, se resistió al abrazo letal de su madre. Al advertir su fortaleza, Tetis empleó su antigua magia y quemó la mortalidad de su hijo sobre el fuego, nutriéndolo desde entonces con ambrosía, el alimento de los dioses.
 
 
Apolonio
                cuenta que cuando Peleo sorprendió a su esposa realizando este extraño ritual, creyó que su intención era quemar al pequeño Aquiles; de modo que lanzó un grito de horror e indignación tan profundo que Tetis tomó a su hijo en brazos y huyó en medio de la noche.

Pero el rito de inmortalidad había sido interrumpido. Tetis llevó a Aquiles a las costas del río Estigia, en el Hades, cuyas aguas heladas propician la invulnerabilidad. Tomó al bebé del talón y lo sumergió. Apolonio sostiene que gracias a esta estratagema Aquiles es invulnerable a las armas salvo en el sitio en el que su madre lo aferró para bañarlo en las aguas del río Estigia.

Curiosamente, el “talón de Aquiles” no figura en la Ilíada. Tal vez Homero pensó que aquel asunto era una prueba de debilidad innecesaria. Lo cierto es que cuando Tetis finalizó aquellos procedimientos mágicos se enteró de una nueva profecía. A partir de entonces su hijo tenía solo dos caminos posibles en la vida: podría elegir una existencia larga, pacífica y mediocre, o corta pero gloriosa.

Esta oscura profecía cobró consistencia cuando estalló la Guerra de Troya. Tetis, alarmada, ocultó a Aquiles en la corte del rey Licomedes. Para pasar inadvertido el joven se disfrazó de mujer, para algunos, con notable éxito; hasta que Odiseo llegó a la corte, hizo sonar su cuerno de guerra, y una muchacha de brazos firmes y piernas vigorosas se dispuso a asistir al combate.

Entendiendo que era la presencia de Aquiles en el asalto a Troya era inevitable, Tetis inició algunas negociaciones clandestinas con Hefesto, esposo de Afrodita, para que forjase un escudo mágico a cambio de una noche de placer. El dios trabajó con empeño en su obra, pero una vez entregada Tetis se negó a pagar los favores que tan elocuentemente había prometido.


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El amor entre Peleo y Tetis nunca existió realmente. El único amor de ella fue su hijo. Cuando Aquiles murió a causa de una ráfaga de flechas lanzadas por Paris, una de las cuales dio justo en su talón; Tetis emergió de la espuma del mar con su corte de nereidas y lloró amargamente su muerte. 
Se dice que quemó el cuerpo de su hijo y guardó sus cenizas en un cofre de oro, del cual nunca se separó.
Para finalizar debemos decir que ambas profecías resultaron ciertas. Aquiles fue inmensamente superior a su padre y su vida fue breve y gloriosa, a tal punto que sus hazañas continúan siendo narradas con la admiración y el respeto que nos merecen aquellos personajes que eligen la excelencia sobre la mediocridad.

viernes, 1 de diciembre de 2017

Balar, el rey de los demonios de la mitología celta

Resultado de imagen de Balar, el rey de los demonios de la mitología celtaLos dioses o demonios de la noche, lo oculto y la muerte eran conocidos en la mitología celta como los “fomorianos”. Estos terroríficos dioses tenían como jefe al que se creía el más terrible de todos ellos: Balar (también Balor), el rey de los demonios. Su nombre en proto-celta significa “el mortal”. La leyenda sobre él cuenta que tenía un único ojo en el centro de su frente. El óculo permanecía siempre cerrado ya que su apertura significaba la muerte y la destrucción. Otras tradiciones afirman que tenía dos ojos, uno en la frente para ver y otro en la parte posterior del cráneo. Éste que era el maligno, cuando se abría lanzaba rayos mortales.
Balar, el rey de los demonios de la mitología celta
Una de las leyendas más populares explica que eran necesarios 4 hombres para abrir el ojo del rey de los demonios, ya que este tenía 7 capas o párpados. : Cuando se retiraba la primera se marchitaban los helechos, con la segunda los pastizales enrojecían y se secaban, el tercero calentaba los árboles y con la retirada del cuarto toda la madera, viva o muerta, empezaba a humear. El levantamiento del quinto párpado hacía que todo lo que abarcaba su mirada se pusiera al rojo vivo, con el sexto empezaban las llamas y la retirada del séptimo párpado significaba la ignición total.
Balar, el rey de los demonios de la mitología celta
La mitología celta explica la muerte de Balar como el resultado de una profecía. Un druida profetizó al rey de los demonios que moriría a manos de su nieto. Balar tenía una única hija llamada Ethné y al oír el infausto presagio la encerró en una torre de la isla Tory. Allí vivía con otras mujeres que debían ocultarle que en el mundo habían seres de sexo masculino y protegerla de un posible embarazo. En la costa más próxima a la isla vivían tres hermanos, el menor de los cuales llamado Cian tenía una vaca que daba una cantidad de leche extraordinaria. Balar decidió robarla y así lo hizo. Cian quiso vengarse y se presentó en la isla vestido de mujer. Fue acogido por Ethné y sus compañeras y, ayudado por un hada que lo acompañaba, hizo que las mujeres se durmieran, sedujo a Ethné y desapareció. Balar, al enterarse ordenó cortar la cabeza a Cian.
Balar, el rey de los demonios de la mitología celta
La joven quedó embarazada y dio a luz tres niños que Balar ordenó arrojar a un abismo en el mar. Durante el transporte uno de los niños se salió de la sábana en la que estaban envueltos y fue recogido por el hada que había ayudado a su padre, que se lo entregó a Goibniu, el hermano herrero de Cian. Los otros dos niños murieron en el agua. Pasaron los años y un día que Balar estaba en la fragua del pueblo distraído, pavoneándose de sus hazañas, un joven aprendiz cogió una barra de hierro al rojo vivo y se la clavó en el ojo. Balar murió instantáneamente. El chico era Lug, el hijo de Ethné y Cian. Así se cumplió la profecía y despareció de la tierra el rey de los demonios de la mitología celta.

viernes, 17 de noviembre de 2017

Ettin

Ettin, de Jason Engle
Un ettin es un malvado y maloliente gigante de dos cabezas.
Físicamente es muy parecido a un ogro; cuentan con enormes colmillos y tienen la piel tan dura y grisácea que parece cubierta de una capa de pelaje corto. Sin embargo, su tamaño puede llegar a duplicar al de los ogros. De hecho, “ettin” viene del inglés “eoten”, una palabra en desuso que significa “gigante”.
Lo más característico de estos seres es, sin duda, la doble cabeza. Cada cabeza es independiente y dirige una parte de su cuerpo. De este modo, la cabeza izquierda controla el brazo y pierna izquierdos, y la derecha hace lo mismo con el brazo y pierna derechos. De ahí la importancia de llegar a un acuerdo entre ambas cabezas, o el resultado de los movimientos del ettin puede ser desastroso.

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Sin embargo, la doble cabeza es más ventajosa de lo que pueda parecer, ya que permite al ettin tener un mayor campo visual y facilita el estado de alerta. Es muy difícil encontrar a un ettin desprevenido, siempre están listos para la lucha.
Los ettin tienen un ataque muy poderoso puesto que están especializados en armas de gran tamaño como el garrote y el mayal que, además, pueden blandir en ambos brazos ya que cada cabeza coordina un arma.
Igual que al resto de gigantes, les gusta habitar en colinas y montañas, y hacen de las cuevas su hogar. Al ser seres solitarios, las cuevas suelen estar ocupadas por un solo ettin, a menos que tengan descendencia. En este caso, se ocupan del pequeño ettin durante los primeros años de su vida, hasta que se consideran adultos.
Son poco inteligentes, apenas consiguen comunicarse con otros seres y, si unimos esto a su poca sociabilidad, encontraremos que un ettin tiende a mostrarse agresivo con casi cualquier ser que tenga delante. Aunque es cierto que, en ocasiones, puede llegar a realizar tratos con ogros o con orcos, normalmente con fines perversos.

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miércoles, 15 de noviembre de 2017

La Madre del Agua

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Cuentan los ribereños, los pescadores, los bogas y vecinos de los grandes ríos, quebradas y lagunas, que los niños predispuestos al embrujo de la madre de agua, siempre sueñan o deliran con una niña bella y rubia que los llama y los invita a una paraje tapizado de flores y un palacio con muchas escalinatas, adornado con oro y piedras preciosas.

En la época de la Conquista, en que la ambición de los colonizadores no solo consistía en fundar poblaciones sino en descubrir y someter tribus indígenas para apoderarse de sus riquezas, salió de Santa Fe una expedición rumbo al río Magdalena. Los indios guías descubrieron un poblado, cuyo cacique era una joven fornido, hermoso, arrogante y valiente, a quien los soldados capturaron con malos tratos y luego fue conducido ante el conquistador. Este lo abrumó a preguntas que el indio se negó a contestar, no sólo por no entender español, sino por la ira que lo devoraba.
 
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El capitán en actitud altiva y soberbia, para castigar el comportamiento del nativo ordenó amarrarlo y azotarlo hasta que confesara dónde guardaba las riquezas de su tribu, mientras tanto iría a preparar una correría por los alrededores del sector. La hija del avaro castellano estaba observando desde las ventanas de sus habitaciones con ojos de admiración y amor contemplando a aquel coloso, prototipo de una raza fuerte, valerosa y noble.

Tan pronto salió su padre, fue a rogar enternecida al verdugo para que cesara el cruel tormento y lo pusieran en libertad. Esa súplica, que no era una orden, no podía aceptarla el vil soldado porque conocía perfectamente el carácter enérgico, intransigente e irascible de su superior, más sin embargo no pudo negarse al ruego dulce y lastimero de esa niña encantadora.

La joven española de unos quince años, de ojos azules, ostentaba una larga cabellera dorada, que más parecía una capa de artiseda amarilla por la finura de su pelo. La bella dama miraba ansiosamente al joven cacique, fascinada por la estructura hercúlea de aquel ejemplar semisalvaje.

Cuando quedó libre, ella se acercó. Con dulzura de mujer enamorada lo atrajo y se fue a acompañarlo por el sendero, iternándose entre la espesura del bosque. El aturdido indio no entendía aquel trato, al verla tan cerca, él se miro en sus ojos, azules como el cielo que los cobijaba, tranquilos como el agua de sus pocetas, puros como la florecillas de su huerta.
 
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Ya lejos de las miradas de su padre lo detuvo y allí lo besó apacionadamente. Conmovida y animosa le manifestó su afecto diciéndole: !Huyamos!, llévame contigo, quiero ser tuya.

El lastimado mancebo atraído por la belleza angelical, rara entre su raza, accedió, la alzó intrépido, corrió, cruzo el río con su amorosa carga y se refugió en el bohío de otro indio amigo suyo, quien la acogió fraternalmente, le suministro materiales para la construcción de su choza y les proporcionó alimentos. Allí vivieron felices y tranquilos. La llegada del primogénito les ocasionó más alegría.

Una india vecina, conocedora del secreto de la joven pareja y sintiéndose desdeñada por el indio, optó por vengarse: escapó a la fortaleza a informar al conquistador el paradero de su hija. Excitado y violento el capitán, corrió al sitio indicado por la envidiosa mujer a desfogar su ira como veneno mortal. Ordenó a los soldados amarrarlos al tronco de un caracolí de la orilla del río. Entretanto, el niño le era arrebatado brutalmente de los brazos de su tierna madre.

El abuelo le decía al pequeñín: "morirás indio inmundo, no quiero descendientes que manchen mi nobleza, tu no eres de mi estirpe, furioso se lo entregó a un soldado para que lo arrojase a la corriente, ante las miradas desorbitadas de sus martirizados padres, quienes hacían esfuerzos sobrehumanos de soltarse y lanzarse al caudal inmenso a rescatar a su hijo, pero todo fue inútil.

Vino luego el martirio del conquistador para atormentar a su hija, humillarla y llevarla sumisa a la fortaleza. El indio fue decapitado ante su joven consorte quien gritaba lastimeramente. Por último la dejaron libre a ella, pero, enloquecida y desesperada por la pérdida de sus dos amores, llamando a su hijo, se lanzo a la corriente y se ahogó.

La leyenda cuenta que en las noches tranquilas y estrelladas se oye una canción de arrullo tierna y delicada, tal parece que surgiera de las aguas, o se deslizara el aura cantarina sobre las espumas del cristal.
 
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La linda rubia que sigue buscando a su querido hijo por los siglos de los siglos, es la MADRE DEL AGUA. La diosa o divinidad de las aguas; o el alma atormentada de aquella madre que no ha logrado encontrar el fruto de su amor.

Por eso, cuando la desesperación llega hasta el extremo, la iracunda diosa sube hasta la fuente de su poderío, hace temblar las montañas, se enlodan las corrientes tornándolas putrefactas y ocasionando pústulas a quienes se bañen en aquellas aguas envenenadas.

lunes, 13 de noviembre de 2017

La comida y el amor, amantes eternos

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Cocinar es como besar. Esa amorosa premisa es parte del preámbulo del libro Los alimentos del deseo, en el que Maruja Dagnino formaliza esa relación que siempre ha existido entre la comida y el amor.

En todas las culturas, e incluso en la mitología, la comida ha tenido que ver con el erotismo. Y no tiene que ver solo con los alimentos afrodisíacos. La cocina es embrujo, es amor y es placer que, irremediablemente, deriva en otros placeres.

Maruja Dagnino, periodista y cocinera, ha investigado la vinculación entre amantes y comida desde hace más de diez años, con el fin de saciar su curiosidad apasionada sobre ambos temas.

De allí derivó Los alimentos del deseo, una edición de lujo realizada por Artesano Group y el grupo español Turner, con seleccionadas imágenes a color, que refieren a obras artísticas con referencias al erotismo culinario y a  23 alimentos cuya potencialidad amorosa describe. Según la escritora y periodista Jacqueline Goldberg, quien acompaña a Maruja en la promoción de la obra, la describe como un “libro que está vivo”.  

En un segundo segmento, Los alimentos del deseo ofrece también recetas que involucran afectos, pues son ofrecidas por cocineros que son amigos de la autora: Sumito Es tévez, Montse Estruch, Tamara Rodríguez, Wendoly López y Betina Montagne.

De los 23 alimentos cuyo “corazón” disecciona, y después de mucho pensarlo, Maruja confiesa que el que más le costó fue el pez globo que, a pesar de ser poco estético y de consumo peligroso, también puede ser vinculado al amor.

“Si está mal preparado, comer el pez globo puede matar, Así que, cuando lo comes, te entregas al cocinero. Y esto es un emblema de lo amoroso porque el sexo es un enfrentamiento permanente con la muerte”, relata.

En el otro extremo, el que más le gustó fue el cordero, por cuya carne siempre ha sentido debilidad y cuyas referencias son frecuentes en la religión y la mitología.

Además del pez globo y el cordero, la autora encuentra la vena más amorosa de alimentos como el azafrán, el cordero, la manzana, el coco, el vino, el cardamomo, la nuez moscada... De alguno de ellos ofrecemos unas pinceladas, o un “picón” como le gusta decir a la autora.
 
El cordero, ese macho cabrío. “Poseidón convirtió a Teófane en oveja y se convirtió él mismo en carnero para poseerla y convirtió a los habitantes de la isla en la que ella se hallaba huyendo de sus pretendientes, en rebaño (...)”.

La nuez moscada, venenosa dulzura. “Originaria del archipiélago de Indonesia, esta misteriosa especia tiene el poder de la felicidad y de la muerte (...)”.
“No habría de extrañarnos entonces que con este exceso de infusión de nuez moscada, los encuentros amorosos entre Rimbaud y Verlaine fuesen tan prolijos”.

La canela, rica en la cama. “Imaginemos el arrebatado amor de la reina de Saba por Salomón, al punto de haber abandonado sus votos de castidad luego de conocerlo, presentándole la canela a este hombre prolijo en palabras”.
“Era bien conocido que hacia 1485 a.C. que con la canela los egipcios preparaban perfumes muy aromáticos para la hechicería y los ritos de la carne”.

El hidromiel, las mieles de tu boca. “Es recurrente el uso de la miel contra la fatiga causada por los excesos sexuales, sobre todo combinada con cacao. Si se agrega menta a este binomio, se dice que es eficaz contra la frigidez. Mezclada con jengibre, hará de cualquier hombre un macho cabrío”.

El cacao, adictivo como el amor. “Madame du Barry, según se dice, servía a todos sus amantes chocolate antes de la refriega amorosa, y Moctezuma, el emperador azteca, tomaba unas diez tazas de cacao antes de yacer con sus concubinas, lo cual nos deja ver que es bueno para elevar el vigor de los hombres”.

El curry, para amantes olvidadizos. “Ya en un tratado de cocina del siglo I, Apicio decía que el sésamo produce reacciones eróticas (...). El aroma del ajonjolí es voluptuoso y su sabor no menos apetecible”.